La palabra arrepentimiento en el diccionario significa: “Sentimiento de contrición o rechazo demostrado por el pecador en relación con sus pecados, haciendo que practique el bien para obtener su remisión”. Vemos la palabra arrepentimiento muchas veces en la Biblia Sagrada y comprendemos que este es un punto importantísimo para poder alcanzar la salvación.
Arrepentíos, pues, y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio. (Hechos 3:19)
El versículo anterior nos enseña que debemos arrepentirnos y, en seguida, convertirnos. Solo así nuestros pecados serán borrados. No existe conversión sin arrepentimiento. De ninguna manera podemos aceptar a Jesucristo y continuar viviendo en las mismas prácticas. El arrepentimiento genera en el ser humano cambio de vida, de carácter, de pensamientos y actitudes.
En Hechos 3:19, comprendemos que Dios determinó que bendecirá a su pueblo con el derramamiento del Espíritu Santo bajo las condiciones previas del arrepentimiento, de apartarse del pecado de la generación perversa que los rodea y de convertirse: volverse a Dios, oyendo todo cuanto Cristo, el Profeta, les dice, y siempre progresar en obediencia sincera a Cristo.
Las Cuatro Condiciones para el Avivamiento en 2 Crónicas 7:14
si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. (2 Crónicas 7:14)
Necesitamos, constantemente, estar vueltos hacia Dios, renunciando a nuestras voluntades y deseos. Debemos humillarnos, orar, buscar el rostro de Dios y convertirnos de los malos caminos.
Humillarse: El pueblo de Dios debe reconocer sus faltas, manifestar tristeza por su pecado y renovar el compromiso de hacer la voluntad de Dios.
Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. (Mateo 5:3)
Comprendemos que “pobres en espíritu” significa reconocer que no tenemos ninguna autosuficiencia espiritual y que dependemos de la vida del Espíritu, del poder y la gracia divina para entrar en el Reino de Dios.
Orar: El pueblo de Dios debe clamar agonizantemente, pidiendo misericordia, siendo dependiente de Él y confiando en su intervención. La oración debe ser ferviente y persistente hasta que Dios responda desde el cielo.
Atenderá a la oración del desvalido, Y no despreciará su oración. (Salmos 102:17)
Dios de ninguna manera dejará de atender una oración hecha por quien sea, pues este es el único modo de comunicarnos con Él. Dios puede hacer que muchas cosas sucedan en nuestras vidas mediante nuestras oraciones, pues sus oídos están atentos a nuestro clamor.
Buscar el rostro de Dios: Debemos, con dedicación, buscar el rostro de Dios con todo el corazón y anhelar su presencia, no simplemente intentar huir de la adversidad.
Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cerca. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. (Isaías 55:6-7)
El pecador debe buscar a Dios mientras la promesa de oírlo está en vigor, pues el tiempo para recibir la salvación aquí tiene límite. ¡Llegará el día en que no será hallado!
Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, Y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, Y dije: Siempre andan vagando en su corazón, Y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo. Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo. (Hebreos 3:7-12)
Convertirse de los malos caminos: El pueblo de Dios debe arrepentirse con sinceridad, abandonar pecados específicos y todas las formas de idolatría, renunciar al mundanismo, acercarse a Dios pidiendo misericordia, perdón y purificación.
Así que, acerquémonos con confianza al trono de la gracia, para que alcancemos misericordia y hallemos gracia para el oportuno socorro. (Hebreos 4:16)
La Triple Promesa Divina
Cuando se cumplen estas cuatro condiciones, se realiza la triple promesa divina del avivamiento. Primero, Dios apartará su ira, oirá el clamor angustiado y atenderá la oración, manifestando compasión. Segundo, perdonará los pecados, purificará al pueblo y restaurará su favor, presencia, paz, verdad, justicia y poder. Tercero, sanará al pueblo y a su tierra, derramando lluvias, favor, bendiciones físicas y el Espíritu Santo, con despertamiento espiritual entre su pueblo y los perdidos.
Cuando alguien reconoce sus errores, se humilla ante la potente mano de Dios, busca en oración su rostro con todo el corazón y se convierte de sus malos caminos, Dios lo mira con misericordia y revierte toda sentencia.
Este versículo sigue válido hasta los días de hoy, pues nuestro Dios no ha cambiado. Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos.
Para que el Señor realice algo en nuestras vidas, primero es necesario que tengamos actitud de cambio. Somos dependientes de Dios, de sus cuidados y de su misericordia. Debemos buscarlo hasta que nos responda y llamar la atención de Dios hacia nuestras vidas.
No existe vida cristiana sin diálogo con Dios a través de la oración. Es extremadamente importante para el cristiano vivir una vida de oración y buscar a Dios constantemente.
Es necesario reconocer nuestros malos caminos y abandonarlos. No importa lo que hemos hecho hasta aquí; lo que importa es a partir de aquí, cómo saldremos de este momento.
¡El arrepentimiento es cambio en la vida de una persona! El que robaba ya no roba más, el que mataba ya no mata más, el que se prostituía ya no se prostituye más, pues ahora viven según la voluntad de Dios.
¡Permite que Dios cambie tu vida hoy! Arrepiéntete y ven al redil, pues el Señor desea salvarte. Tú eres importante para Dios.