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Estudios bíblicos

¿Qué Es la Fe? Definición Bíblica y Significado

by Ministério Veredas Do IDE noviembre 21, 2025
written by Ministério Veredas Do IDE

¿Qué significa fe? Según el diccionario, fe es una palabra que significa “confianza”, “creencia”, “credibilidad”. La fe es un sentimiento de creencia total en algo o alguien, incluso si no hay ninguna evidencia que pruebe la veracidad de la proposición en cuestión.

Pero, después de todo, ¿qué es la fe en la Biblia?

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. (Hebreos 11:1-2)

La fe es la certeza y la convicción, es decir, la fe ancla nuestra creencia y nos hace actuar en contra de las dudas. Tener fe en Dios es creer en su existencia y en su omnisciencia. La fe hace que las cosas espirituales se vuelvan reales, porque cuando creemos en Dios de una manera que no deja espacio para la duda, su poder espiritual se hace visible.

La fe tiene el poder de traer a la existencia lo que no existe, tiene el poder de traer la curación, la liberación; la fe tiene el poder de realizar grandes milagros, señales y maravillas.

Milagros que Ocurrieron en la Biblia por la Fe

Por la fe Noé, advertido de cosas no vistas aún, en temor piadoso edificó un arca para salvar a su familia. Por fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. (Hebreos 11:7)

Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que después recibiría por herencia, obedeció y salió, sin saber a dónde iba. Por la fe habitó en la tierra prometida como extranjero en tierra ajena. Habitaba en tiendas, como también Isaac y Jacob, herederos con él de la misma promesa, porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuya arquitecto y constructor es Dios. (Hebreos 11:8-10)

Por la fe, Sara, aunque era estéril y estaba fuera de la edad oportuna, recibió poder para concebir hijo, porque tuvo por fiel al que lo había prometido. Por tanto, de un solo hombre, y él como bueno como muerto, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo y como la arena innumerable de la orilla del mar. (Hebreos 11:11-12)

Por la fe Abraham, siendo probado, ofreció a Isaac sobre el altar; el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito. (Hebreos 11:17)

Por la fe, los padres de Moisés escondieron a éste tres meses después de nacido, porque vieron que era un niño hermoso, y no temieron el edicto del rey. (Hebreos 11:23)

Por la fe, el pueblo pasó por el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron seguir, fueron ahogados. (Hebreos 11:29)

Por fe cayeron los muros de Jericó, después que el pueblo los rodeó siete días. (Hebreos 11:30)

Por la fe, la ramera Rahab, porque recibió con paz a los espías, no pereció con los desobedientes. (Hebreos 11:31)

La Fe Viene por el Oír

De manera que la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Cristo. (Romanos 10:17)

Lo que el versículo de Romanos 10:17 está diciendo es que la fe nace cuando oímos hablar de Dios, y esto se llama don:

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. (Efesios 2:8)

Cuando oímos la predicación del Evangelio, Dios, en ese exacto momento, nos está ofreciendo gratuitamente este don. Por eso, la predicación del evangelio es de suma importancia, porque a través de ella, otras personas podrán no solo conocer, sino también creer y alcanzar la salvación.

Desafortunadamente, no todos los que oyen creen en la predicación de este evangelio genuino, porque muchos se niegan a creer en Dios, se niegan a obedecer su palabra, cumplir sus mandamientos y vivir una vida en santidad.

El Justo Vivirá por la Fe

La Biblia nos enseña que los justos deben vivir en este mundo mediante su fe en Dios. Esta fe descrita aquí significa firme confianza en Dios y en la rectitud de sus caminos; es una lealtad personal a Él como Salvador y Señor, y también perseverancia moral para seguir sus caminos.

Para vivir en este mundo y enfrentar toda clase de dificultades, necesitamos estar firmes en Dios por medio de la fe. La Palabra de Dios enseña que nuestra fe debe ser como un grano de mostaza, es decir, comienza pequeña, pero crece y se desarrolla a lo largo del camino cristiano.

Los Tipos de Fe

Fe natural. Cuando hablamos de la fe natural, estamos diciendo que el hombre ya nace creyendo en algo. El hecho de que alguien crea que algo que aún no ha visto se hará realidad —como la esperanza de un día mejor— ya significa fe natural.

Fe salvadora. La fe salvadora es aquella que lleva al hombre a tener intimidad con Dios. La fe hace que el hombre crea que Dios existe y que recompensa a los que le buscan.

Fe sobrenatural. A través del Espíritu Santo, la fe se añade de tal manera que muchas veces no es posible encontrar explicación para tales milagros que ocurren por medio de la fe.

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Estudios bíblicos

¿Por Qué Dios Me Ama Tanto? (Juan 3:16)

by Ministério Veredas Do IDE noviembre 21, 2025
written by Ministério Veredas Do IDE

¿Por qué Dios me ama tanto así? En muchos momentos, somos tomados por preguntas como esta y queremos saber más acerca de Dios y de su infinito amor. Cuando hablamos del amor de Dios para con nosotros, pensamos acerca de quiénes éramos y quiénes somos hoy, y llegamos a la pregunta clave de este estudio bíblico: ¿por qué Dios me ama?

Cuando hablamos acerca del amor de Dios para con el ser humano, vemos un amor tan grande, envolvente y poderoso. Por más que intentáramos escribir aquí un libro, no conseguiríamos describir en él cuán grande y poderoso es el amor de Dios para con el hombre.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16)

Este versículo trae enseñanzas por medio de las cuales se hace posible comprender por qué Dios me ama tanto así. Juan 3:16 revela el corazón y el propósito de Dios para con la humanidad, enseñando que el amor de Dios es lo suficientemente inmenso como para abarcar a todos los hombres y al mundo.

Dios da a su Hijo único como sacrificio en la cruz por los pecados que eran nuestros, y la expiación de los pecados procede del corazón de Dios, que es riquísimo en amor. Jesucristo de ninguna manera fue obligado a hacer tal sacrificio, sino que fue hasta las últimas consecuencias por amor a nosotros.

Vale la pena resaltar aquí que, en el momento en que Jesús está crucificado, Él dice:

Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. (Lucas 23:34)

Mediante el gran amor de Dios, manifestado a través del sacrificio de Cristo Jesús, nosotros creemos que Él existe y que Él nos ama. Aquí, creer incluye tres elementos principales:

  1. La convicción de que Cristo es verdaderamente el Hijo de Dios y el único Salvador del pecador perdido.
  2. La comunión con Cristo por medio de nuestra auto-sumisión, dedicación y obediencia a Él.
  3. Plena confianza en Cristo de que Él es capaz y también quiere conducir al creyente a la salvación final y a la comunión con Dios en el cielo.

Tal vez estés diciendo: ¡yo no veo la razón por la que Dios me ama así! El amor de Dios se manifiesta por intermédio de Cristo Jesús, para que el hombre no perezca. Aquí, cuando hablamos de la palabra perecer, no nos referimos solo a la muerte física, sino a la pavorosa realidad del castigo eterno en el infierno.

Y no temáis a los que matan el cuerpo, y no pueden matar el alma; antes bien, temed a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. (Mateo 10:28)

La Palabra de Dios nos dice que no debemos temer a los que matan solo el cuerpo, pues ellos no pueden tocar nuestra alma. Debemos, en cambio, temer a Dios, porque Él puede destruir en el infierno tanto el cuerpo como el alma.

La Palabra de Dios nos enseña que la existencia del hombre no termina con la muerte, sino que continúa por toda la eternidad, ya sea en la presencia de Dios o en el lugar de tormento. Jesús nos enseña que existe un lugar de castigo eterno para todos aquellos condenados por rechazar el plan de salvación.

Debemos tener en mente que Dios envió a su único Hijo para morir por nosotros en la cruz, para que nadie perezca. Dios no desea que el hombre vaya al infierno, pues todo aquel que en Él cree no perecerá, sino que tendrá vida eterna.

La vida eterna es un don que Dios da al hombre cuando nace de nuevo, es decir, cuando el hombre levanta sus manos cansadas y acepta a Jesucristo como único y suficiente Salvador de su vida. A partir de ese momento, decide vivir algo nuevo.

El nacer de nuevo significa que, si robaba, ya no roba más; si mataba, ya no mata más; si se prostituía, ya no se prostituye más. Porque ahora es una nueva criatura, abandonó las viejas prácticas y los pecados para vivir una vida según el querer y la voluntad de Dios.

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas 2:20)

Y tal vez hayas llegado hasta aquí y te hayas preguntado: he fallado, pecado, errado, ¿por qué Dios me ama tanto así? La gran realidad es que Dios, en este exacto momento, no está mirando los errores que has cometido hasta ahora, sino que quiere y se interesa mucho por cómo serás a partir de aquí.

Es decir, la decisión que tomes a partir de este momento, de dejar atrás al viejo hombre y vivir en novedad de vida, es desde aquí que Dios quiere tratar contigo. El amor de Dios es tan grande que, a partir de este momento, Él borra todas tus transgresiones y comienza a reescribir una nueva historia.

Cuando decidimos abandonar nuestros pecados, reconocemos nuestros errores y volvemos a Dios con humildad, implorando su perdón y su misericordia, su gracia nos alcanza y nos transforma. Dios nos está enseñando el camino para alcanzar el reino de los cielos, y Jesucristo es el único camino.

Pues Él mismo dice:

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)

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Estudios bíblicos

Efesios 5:33 – ¿Qué Dice la Biblia Sobre el Matrimonio y la Familia?

by Ministério Veredas Do IDE noviembre 21, 2025
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A veces nos preguntamos, ante tantos consejos que la Santa Biblia tiene para darnos: ¿qué dice la Biblia sobre el matrimonio y la familia? La respuesta es que la Biblia habla cosas maravillosas sobre el matrimonio y la familia. A través de este estudio bíblico sobre la familia, podremos comprender que en el matrimonio y en la familia el amor verdadero debe estar presente.

Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido. (Efesios 5:33)

La familia es algo tan interesante, porque a través de ella podemos ver el gran amor que Dios tiene por la familia. Dios nos deja el modelo de cómo debería ser la familia y nos habla de su grandeza. La Palabra de Dios nos enseña cuál es el real valor de la familia, valores estos que jamás deben ser borrados o modificados, porque la familia es perfecta.

Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Formó, pues, Jehová Dios de la tierra toda bestia del campo y toda ave de los cielos, y las trajo al hombre para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que el hombre llamó a los seres vivientes, eso fue su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia y a todas las aves de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar; y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. (Génesis 2:18-24)

Es imposible hablar de familia sin hablar de matrimonio, y es imposible hablar de matrimonio sin hablar de familia. Según el diccionario, se designa por familia al conjunto de personas que poseen grado de parentesco o lazos afectivos y viven en la misma casa, formando un hogar. Otra cosa que debemos destacar aquí es el pilar de la familia, que es el amor. Según el diccionario, el amor es un sentimiento de cariño y demostración de afecto que se desarrolla entre seres que poseen la capacidad de demostrarlo.

La familia debe estar fundada en el amor, pues él es la base central para la existencia de la familia. Y la Biblia nos enseña cómo debemos cuidar de nuestra familia en todos los sentidos.

El Amor Según 1 Corintios 13:4-8

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia desaparecerá. (1 Corintios 13:4-8)

El Amor es Sufriente

Cuando la Biblia nos dice que el amor es sufrido, no quiere decir que amar es sufrir, sino por el contrario, está diciendo que el amor verdadero soporta el sufrimiento. El único amor perfecto es el amor de Dios, y es en este amor que debemos tomar como ejemplo. Bien sabemos que cualquier matrimonio y cualquier familia está sujeta a pasar por dificultades, dificultades estas que generan dolores, pero el amor de la familia permanece intacto.

La representación de este amor “sufriente” está en las promesas de matrimonio, donde se dice: “Prometo estar contigo en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, amándote, respetándote y siéndote fiel todos los días de mi vida, hasta que la muerte nos separe.”

¿Ya te has dado cuenta de que todo lo que se dice arriba va seguido de “alegrías”, pero también de “sufrimientos”? El amor “sufriente” permanece intacto cuando la vida financiera va bien y intacto cuando la vida financiera va mal, permanece intacto cuando estamos empleados, yendo a los mejores restaurantes, y permanece intacto cuando un simple pastel tiene la misma alegría que un restaurante. Pues la vida es como los gráficos de la bolsa de valores: hoy estamos en verde, mañana en rojo. Es decir, el amor “sufriente” es discreto en la bonanza y vivo en la escasez.

El Amor es Benigno y No Tiene Envidia

Quien ama a Dios desea ver el bien de su cónyuge, desea amar a su familia y solo desea y hace el bien. En este no existen segundas ni malas intenciones detrás del amor benigno. El amor verdadero que aquí se describe desconoce la envidia.

La envidia es un sentimiento fuerte y malo, que la persona tiene de querer poseer lo que es de los otros. Es un sentimiento egoísta por parte de alguien. Toda y cualquier acción que se origina del amor son buenas y verdaderas, y jamás tienen como objetivo herir a otra persona.

Características del Verdadero Amor en el Matrimonio

El amor no es jactancioso, no se envanece. Quien ama no es insensato ni impulsivo. Quien ama no trata al otro con arrogancia, pues el amor trae consigo la mansedumbre, la paciencia y la gentileza.

No hace nada indebido, no busca lo suyo. El amor es cauteloso y conoce los límites de la decencia. No existe egoísmo en el verdadero amor; por el contrario, quien ama se importa con el bienestar y la felicidad del amado(a) en lugar de la suya.

No se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. El amor es calmo, es comprensivo y jamás agresivo. El amor no es celoso, porque la confianza forma parte de su “estructura”. Está siempre listo para oír y entender, no para pelear y condenar. Es siempre sincero y justo y busca la sinceridad y la justicia.

Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Cuando hablamos del amor en la familia, estamos diciendo que habrá dolor, habrá dificultad y habrá espera. Pero también habrá fuerza, habrá paciencia y habrá recompensa.

Amor y Respeto en Efesios

Cuando volvemos a nuestro texto ancla en Efesios, conseguimos extraer más informaciones sobre el amor dentro de la familia.

Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido. (Efesios 5:33)

En el versículo arriba, tenemos algo que debemos destacar: que es amor y respeto. Así como nuestro Señor Jesucristo amó a la esposa (Iglesia) de tal manera al punto de dar su vida por ella, de la misma forma, Dios espera que cuidemos de nuestra esposa de tal manera que, si necesario fuere, demos la vida por ella.

Dios coloca al hombre como “cabeza de la mujer”. Esta fue la responsabilidad que Dios designó para el hombre, pero podemos describir aquí cuatro pilares que deben estar presentes en la familia:

  1. Provisión para las necesidades espirituales y domésticas de la familia.
  2. El amor, la protección, la seguridad y el interés por su bienestar, de la misma manera que Cristo ama a la iglesia.
  3. Honor, comprensión, aprecio y consideración por la esposa.
  4. Lealtad y fidelidad totales en la vida conyugal.

Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia. (Efesios 5:28-29)

Con base en los versículos arriba, llegamos a la pregunta para nuestra reflexión: ¿te amas a ti mismo? Y tal vez estés preguntándote: pero ¿por qué saber si me amo es tan importante para mi matrimonio o mi familia? La respuesta es simple, pues es imposible que alguien que no se ama a sí mismo ame verdaderamente a otra persona. Quien no se ama a sí mismo siempre pone sus deseos en primer lugar.

¿Ya te has dado cuenta de que quien no se ama a sí mismo, por ejemplo, si tiene una vida financiera mala, no va a incentivar al cónyuge a tener una vida financiera mejor? Quien no se ama a sí mismo no va a incentivar a otro a seguir adelante, pues no es capaz de estimularse a sí mismo.

Por este motivo, es importante que nos amemos a nosotros mismos, para que podamos amar a nuestra familia. El mayor modelo de amor familiar es el de Jesús para con la iglesia, amor este que pone sus intereses de lado, que se priva de su gloria y comodidad, para dar su propia vida en favor de su esposa.

Automáticamente, se genera en la esposa el respeto, el amor por el esposo, pues la iglesia reconoce el acto de amor que su amado esposo realizó. Cuando nosotros, independientemente de cuántos años tenemos de casados o cuántos hijos tenemos, paramos y reconocemos dónde estamos errando y pasamos a actuar diferente, el matrimonio gana, en fin la familia gana.

No permitas que los defectos borren las cualidades de tu cónyuge y de la familia. Existe un área en nuestro cerebro que, cuando pensamos algo negativo respecto a nuestro cónyuge, cuenta otra cosa: su historia. Aquello que pensamos precisamente las cualidades. Aquí preguntamos respecto a los defectos que tres cualidades ciertamente tendrás respuesta para todos. Tanto y puedes probar las cualidades que elegiste son tres frente a los defectos que elegiste. Lo que queremos aquí simplificar es que las cualidades siempre son superiores a nuestros defectos, pero cuando miramos solo a los defectos, somos impedidos de ver las cualidades.

Piensa en dos defectos y tres cualidades de tu cónyuge. ¿Quién es mayor, el 2 o el 3? El número tres siempre será mayor que el dos. Es decir, a veces nos apegamos tanto a los defectos que somos impedidos de ver las cualidades.

Cuando hablamos de matrimonio y de familia, sabemos que no todo serán solo rosas, pues los espinos existen y siempre intentarán pinchar el amor. Como bien sabemos, el amor de los cuentos de hadas, desafortunadamente, no existe. El verdadero amor que viene del corazón de Dios: el original, puro y perfecto en sus imperfecciones, el amor real y verdadero que Dios creó.

“Bárbara Flores – El amor es como un pequeño barco, para navegar hacia adelante los tripulantes necesitan estar remando en la misma dirección y con la misma intensidad. No sirve de nada que solo uno reme, solo uno mande, es preciso que los dos estén juntos, en la misma frecuencia, en la misma intensidad, para cuando venga una ola fuerte logren enfrentarla sin hacer que el barco naufrague. Y aunque el barco esté agujereado, necesitan continuar juntos, compañeros, para aprender que es posible nadar juntos. El amor soporta todo, soporta una ola, un obstáculo, una tormenta, y aunque no parezca más posible, siempre hay una forma de salvarlo. Es preciso creer, esforzar el corazón, es preciso remar, re-amar, amar.”

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Estudios bíblicos

2 Crónicas 7:14 – El Arrepentimiento Cambia Sentencias

by Ministério Veredas Do IDE noviembre 21, 2025
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La palabra arrepentimiento en el diccionario significa: “Sentimiento de contrición o rechazo demostrado por el pecador en relación con sus pecados, haciendo que practique el bien para obtener su remisión”. Vemos la palabra arrepentimiento muchas veces en la Biblia Sagrada y comprendemos que este es un punto importantísimo para poder alcanzar la salvación.

Arrepentíos, pues, y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio. (Hechos 3:19)

El versículo anterior nos enseña que debemos arrepentirnos y, en seguida, convertirnos. Solo así nuestros pecados serán borrados. No existe conversión sin arrepentimiento. De ninguna manera podemos aceptar a Jesucristo y continuar viviendo en las mismas prácticas. El arrepentimiento genera en el ser humano cambio de vida, de carácter, de pensamientos y actitudes.

En Hechos 3:19, comprendemos que Dios determinó que bendecirá a su pueblo con el derramamiento del Espíritu Santo bajo las condiciones previas del arrepentimiento, de apartarse del pecado de la generación perversa que los rodea y de convertirse: volverse a Dios, oyendo todo cuanto Cristo, el Profeta, les dice, y siempre progresar en obediencia sincera a Cristo.

Las Cuatro Condiciones para el Avivamiento en 2 Crónicas 7:14

si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. (2 Crónicas 7:14)

Necesitamos, constantemente, estar vueltos hacia Dios, renunciando a nuestras voluntades y deseos. Debemos humillarnos, orar, buscar el rostro de Dios y convertirnos de los malos caminos.

Humillarse: El pueblo de Dios debe reconocer sus faltas, manifestar tristeza por su pecado y renovar el compromiso de hacer la voluntad de Dios.

Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. (Mateo 5:3)

Comprendemos que “pobres en espíritu” significa reconocer que no tenemos ninguna autosuficiencia espiritual y que dependemos de la vida del Espíritu, del poder y la gracia divina para entrar en el Reino de Dios.

Orar: El pueblo de Dios debe clamar agonizantemente, pidiendo misericordia, siendo dependiente de Él y confiando en su intervención. La oración debe ser ferviente y persistente hasta que Dios responda desde el cielo.

Atenderá a la oración del desvalido, Y no despreciará su oración. (Salmos 102:17)

Dios de ninguna manera dejará de atender una oración hecha por quien sea, pues este es el único modo de comunicarnos con Él. Dios puede hacer que muchas cosas sucedan en nuestras vidas mediante nuestras oraciones, pues sus oídos están atentos a nuestro clamor.

Buscar el rostro de Dios: Debemos, con dedicación, buscar el rostro de Dios con todo el corazón y anhelar su presencia, no simplemente intentar huir de la adversidad.

Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cerca. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. (Isaías 55:6-7)

El pecador debe buscar a Dios mientras la promesa de oírlo está en vigor, pues el tiempo para recibir la salvación aquí tiene límite. ¡Llegará el día en que no será hallado!

Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, Y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, Y dije: Siempre andan vagando en su corazón, Y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo. Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo. (Hebreos 3:7-12)

Convertirse de los malos caminos: El pueblo de Dios debe arrepentirse con sinceridad, abandonar pecados específicos y todas las formas de idolatría, renunciar al mundanismo, acercarse a Dios pidiendo misericordia, perdón y purificación.

Así que, acerquémonos con confianza al trono de la gracia, para que alcancemos misericordia y hallemos gracia para el oportuno socorro. (Hebreos 4:16)

La Triple Promesa Divina

Cuando se cumplen estas cuatro condiciones, se realiza la triple promesa divina del avivamiento. Primero, Dios apartará su ira, oirá el clamor angustiado y atenderá la oración, manifestando compasión. Segundo, perdonará los pecados, purificará al pueblo y restaurará su favor, presencia, paz, verdad, justicia y poder. Tercero, sanará al pueblo y a su tierra, derramando lluvias, favor, bendiciones físicas y el Espíritu Santo, con despertamiento espiritual entre su pueblo y los perdidos.

Cuando alguien reconoce sus errores, se humilla ante la potente mano de Dios, busca en oración su rostro con todo el corazón y se convierte de sus malos caminos, Dios lo mira con misericordia y revierte toda sentencia.

Este versículo sigue válido hasta los días de hoy, pues nuestro Dios no ha cambiado. Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos.

Para que el Señor realice algo en nuestras vidas, primero es necesario que tengamos actitud de cambio. Somos dependientes de Dios, de sus cuidados y de su misericordia. Debemos buscarlo hasta que nos responda y llamar la atención de Dios hacia nuestras vidas.

No existe vida cristiana sin diálogo con Dios a través de la oración. Es extremadamente importante para el cristiano vivir una vida de oración y buscar a Dios constantemente.

Es necesario reconocer nuestros malos caminos y abandonarlos. No importa lo que hemos hecho hasta aquí; lo que importa es a partir de aquí, cómo saldremos de este momento.

¡El arrepentimiento es cambio en la vida de una persona! El que robaba ya no roba más, el que mataba ya no mata más, el que se prostituía ya no se prostituye más, pues ahora viven según la voluntad de Dios.

¡Permite que Dios cambie tu vida hoy! Arrepiéntete y ven al redil, pues el Señor desea salvarte. Tú eres importante para Dios.

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Estudios bíblicos

Génesis 1:28: La Familia y los Propósitos del Creador

by Ministério Veredas Do IDE noviembre 21, 2025
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Dios ama a la familia y con ella tiene un propósito. Podemos decir que el primer “matrimonio” aquí en la tierra fue realizado por el propio Dios. Después de crear el cielo y la tierra y todo lo que en ella existe, Dios crea al hombre, y el Señor vio que no era bueno que el hombre viviera solo.

Dios crea una compañera, una ayuda idónea para el hombre. La mujer es la ayuda idónea del hombre que estaría a su lado para auxiliarlo. Jamás podríamos iniciar este estudio sin hablar respecto al surgimiento de la familia, pues nuestros patriarcas fueron extremadamente importantísimos en la historia humana.

Comprendiendo el Surgimiento de la Familia

Cuando observamos los versículos anteriores de Génesis 1, vemos a Dios creando todo lo que existe solo con el poder de su palabra, diciendo “Haya” y todo fue tomando forma en la tierra. Cuando Dios crea al hombre, no se pronuncia una palabra de creación, sino que Él hace al ser humano con sus propias manos.

26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. 27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. 29 Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. 30 Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. 31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto. (Génesis 1:26-31)

Dios inicia el desarrollo del ser humano, y Él demuestra un cariño inmenso por este momento, y nos da un privilegio que ningún otro ser recibió: ser a imagen y semejanza de Dios. Dios entonces desarrolló al ser humano, varón y hembra, para que pudieran procrear y poblar la tierra. Comprendemos que la tierra solo sería poblada, es decir, solo nacerían más seres humanos, por una relación sexual entre el hombre y la mujer.

En la palabra de Dios, los animales tenían sus pares, y solo el hombre estaba solo. Dios entiende que no era bueno que el hombre viviera solo, pues el hombre necesitaba de alguien que estuviera lado a lado con él para auxiliarlo en su día a día.

20 Y puso Adán nombre a toda bestia y a las aves del cielo y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. 21 Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. 22 Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. 23 Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada varona, porque del varón fue tomada. 24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. 25 Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban. (Génesis 2:20-25)

El propio Dios crea a aquella que sería la ayuda idónea de Adán. Lo más interesante es que, para formar a la mujer, Dios elige una parte del cuerpo del hombre. Dios eligió justamente la costilla de Adán para crear a la mujer.

Entonces observaremos científicamente cuál es la principal función de la costilla. Las costillas son estructuras responsables por la protección y estructuración de la región torácica. Son huesos en forma de semi-arco que se conectan con un hueso central denominado esternón, formando así una gran caja para la protección de órganos como los pulmones y los riñones.

Las costillas y sus músculos son extremadamente importantes para la vida humana, pues son responsables por la defensa de la caja torácica, por mantener la presión negativa y por permitir la respiración. Las costillas protegen el corazón, los pulmones y los principales vasos sanguíneos.

Y ahora preguntamos: ¿por qué Dios eligió la costilla? ¿Cuántas costillas posee un cuerpo humano? Aprendimos desde pequeños en la escuela que un ser humano posee 12 pares de costillas según la ciencia.

Ahora vamos a la numerología bíblica: el número 12 (doce) en la numerología bíblica significa perfección gubernamental. Dios en aquel momento estaba instituyendo la primera familia en la tierra y comprendemos que dentro de una familia existe un gobierno, reglas y obligaciones.

Y para que una familia sea bendecida es necesario que exista una perfección gubernamental, que solo toma existencia cuando el hombre y la mujer caminan en común acuerdo y pensamiento, donde ambos se respetan y viven según los preceptos de Dios.

La mujer fue creada por Dios para ser la amable compañera del hombre y su ayuda idónea. Ella es partícipe de la responsabilidad del hombre y con ella cooperaría en el plan de Dios para la vida de él y de la familia.

Cuando el hombre deja a su padre y a su madre, uniéndose a su mujer, aquella nueva familia demuestra la completitud de Dios sobre la familia. El número doce se refiere a algo que fue organizado e instituido por Dios.

La familia es algo instituido por Dios, y por este motivo el enemigo lucha fuertemente para destruirla. Hasta los días de hoy la familia continúa poblando la tierra, cumpliendo así el propósito de Dios desde el inicio donde el hombre debería unirse a su esposa y multiplicarse.

Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. (Génesis 1:28)

La Familia Solo Prospera si Todos Están Unidos

Nada puede existir o permanecer en pie cuando no existe la unión. La familia es un trabajo que solo da frutos si se realiza en equipo. No sirve de nada que solo uno de los cónyuges asuma las obligaciones y responsabilidades. El cónyuge que no apoya el crecimiento del otro no está impidiendo solo al otro, sino que también se está impidiendo a sí mismo crecer. En la familia nadie conquista nada solo, pues todo es un esfuerzo realizado en conjunto.

Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae. (Mateo 12:25)

¿Ya paraste a pensar que cuando una familia decide comprar un carro, por ejemplo, todos se involucran? Hay un ahorro financiero, el esposo y la esposa juntan el máximo de valores y al final todo sale bien, consiguen conquistar el objetivo.

Ahora cuando no existe apoyo en la familia, uno tiene una idea positiva, pero el otro tiene una idea negativa, de que no dará cierto. Esto genera en el ambiente familiar el sentimiento de incapacidad y frustración.

Pero ¿cómo resolver esto? En la familia debemos conseguir perdonar en todo momento, pedir disculpas siempre, y sobre todo colocarnos en el lugar del otro siempre. Es necesario saber escuchar al otro y saber dialogar, pues el diálogo es el alma de la familia.

¿Cómo puede alguien vivir en un ambiente donde los cónyuges no saben perdonar? Podemos tener “algunas actitudes” que sí van a herir y entristecer al otro, pero debemos saber liberar el perdón y también reconocer que erramos.

Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo. (Efesios 4:26)

Este es un ótimo versículo que puede ser aplicado a la familia, pues debemos mantener el control sobre nuestras emociones, no permitiendo que seamos controlados por la ira. La palabra de Dios nos advierte que debemos calmar la ira antes que el sol se ponga, pues el sentimiento de ira crea oportunidad para el diablo.

No es vergüenza para el hombre o la mujer reconocer que erró. Vergüenza es no reconocer que somos seres humanos llenos de errores y defectos.

El Amor Dentro de la Familia

Este tema remite a Gálatas 5:14 que dice: Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. La familia exige que vengamos a amarla como a nosotros mismos, superando las fallas, reconociendo los errores y comprendiendo los defectos.

No dejamos de amarnos por nuestros defectos, ¿correcto? De la misma forma es la familia, pues no podemos dejar de amarla porque existe un defecto.

Jamás debemos realizar comparaciones entre nuestra familia y la familia de los otros, pues cada una tiene su peculiaridad, y este tipo de comparaciones genera frustraciones y desgaste en el ambiente familiar.

A los esposos no les corresponde solo la responsabilidad de ser el proveedor del hogar y cumplidor de sus obligaciones para con su esposa, sino que va mucho más allá de esto.

El hombre debe amar y respetar a su esposa, cuidándola así como Jesús en su magnífico ejemplo de esposo amó a su esposa (iglesia) de tal manera que dio su vida por ella.

¿Cuál esposo está dispuesto a dar su vida por su esposa amada?

Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido. (Efesios 5:33)

Vemos que la palabra de Dios habla para el marido y también para la esposa, pues esta debe tratar a su marido con cariño y respeto. Comprendemos que el amor no es una tarea solo del esposo o solo de la esposa, sino que es una tarea de todos. El respeto en la familia es en todos los sentidos, principalmente cuando no estamos próximos a nuestros cónyuges.

Toda carga donde solo una persona la lleva conduce a la misma a una sobrecarga, pero cuando el peso es dividido entre las partes, se torna mucho más fácil ir más allá.

¡Cuidado con las Palabras!

En el libro de Proverbios, podemos encontrar consejos preciosísimos para la familia y para vivir. Uno de los consejos importantísimos que Salomón nos deja es respecto al cuidado que debemos tener con las palabras, pues nuestra palabra tiene poder de bendecir y de maldecir.

La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos. (Proverbios 18:21)

A partir de este versículo podemos reflexionar sobre cuáles palabras hemos proferido sobre nuestra familia. ¿Hemos proferido palabras de bendición o de maldiciones?

Nunca digas estas palabras dentro de tu casa. Infelizmente, en los días de hoy, existen ambientes familiares donde las personas no saben el significado de las palabras y el poder que ellas pueden ejercer sobre una persona.

Existen personas que ahora están maldiciendo a su familia, su casa y sus hijos por estar diciendo palabras sin conocer su significado.

Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina. (Proverbios 12:18)

  • Desgracia: Condensa oscuridad, quebranto y ausencia del Divino.
  • Mierda: Llama a la podredumbre, a la suciedad y a las adversidades.
  • Hijo de p*: Evoca odios y desavenencias familiares.
  • Maldito: Lanza plaga y corporifica maldiciones.
  • Burro/Idiota: Deben ser evitadas principalmente con niños e hijos.
  • Miserable: Dibuja la falta, indigencia, pobreza y penuria.
  • Danado: En su base significa condenado, sufridor y perambulante, maldito, malévolo, malo, ruin. Llamar a alguien de “danado” es maldecir a la persona, porque danado significa “condenado al infierno”.
  • Moleque: Era un demonio de la antigua Mesopotamia, cuyo nombre original era Moloch, al cual se hacían sacrificios de niños. En África, su nombre fue cambiado a moleque, y así vino a Brasil.

El ambiente saludable de una familia es aquel en que se aprende a decir: buenos días, buenas tardes, buenas noches, a pedir la bendición a los mayores, pedir disculpas, decir “gracias” y cosas semejantes a estas.

Es de extrema importancia que vengamos todos los días a bendecir a todos los que componen nuestra familia. Lanzando sobre ellos palabras de bendición y victorias. Enseñando a cada uno que somos dependientes de Dios, pues sin su cuidado nada podríamos hacer.

Que al término de este estudio podamos comprender que no importan las luchas y adversidades que podamos estar enfrentando en el ámbito familiar. Con Dios siendo el centro de nuestra casa, podemos transformar la familia y hacer de ella una bendición.

Primero permite el cambio dentro de ti primero. Mira dentro de ti ahora y cambia, transfórmate en una persona mejor, sé un esposo maravilloso, sé una esposa maravillosa, sé un excelente padre, una excelente madre, sé un ótimo hijo.

Jamás conseguiremos cambiar algo si no somos capaces de cambiar a nosotros mismos y dejar que Dios sea el centro de la familia.

Entiende el privilegio que Dios te concedió, pues la familia que tienes hoy tal vez hayas mirado solo a los errores y defectos. Allá afuera existen innumerables personas en diversas clases sociales, de la menor a la más alta, que darían todo por tener una familia como la tuya.

Valora, cuida, ama y deja que Dios sea el centro de tu familia. Que Dios pueda bendecir tu vida y tu familia.
¡Declara como Josué: Yo y mi casa serviremos a Jehová! (Josué 24:15)

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Estudios bíblicos

Bautismo en el Espíritu Santo: ¡Aprendiendo a Buscar!

by Ministério Veredas Do IDE noviembre 21, 2025
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Al hablar del bautismo en el Espíritu Santo, podemos comprender de antemano que este debe ser un deseo que arda en el corazón de quien sirve a Jesucristo. Porque el bautismo en el Espíritu Santo es revestimiento de poder y autoridad espiritual. El bautismo en el Espíritu Santo es concedido a todos los que buscan a Dios y a su palabra. El bautismo en el Espíritu Santo es dado a todos los que levantan sus manos y profesan su fe en Cristo Jesús; los que comprendieron que era necesario nacer de nuevo, permitiendo que el Espíritu Santo habitara dentro de sus corazones.

Jesucristo tenía como objetivo principal bautizar a su pueblo en el Espíritu. Podemos verlo cuando alguien llamado Juan dice: Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. (Mateo 3:11)

Juan el Bautista hablaba claramente que bautizaba con agua a los que se arrepentían. También deja claro que después de él vendría alguien más poderoso, tan superior que no era digno ni de llevarle las sandalias. Juan declara que aquel que vendría bautizaría con el Espíritu Santo y con fuego. Juan el Bautista enseñaba que la obra del Mesías incluiría bautizar a sus seguidores con el Espíritu Santo y fuego. El bautismo en el Espíritu Santo nos concede poder para vivir por Cristo y testificar sus grandes obras.

Todos los que han aceptado a Jesucristo como Señor y Salvador de sus vidas deben proclamar que Jesucristo sigue bautizando en el Espíritu Santo, porque Él no ha cambiado: es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Jesucristo ordenó a los discípulos que no comenzaran a testificar hasta ser bautizados en el Espíritu Santo y revestidos de poder de lo alto. Los discípulos tuvieron que esperar el cumplimiento de esta promesa en oración perseverante. Todo cristiano que anhela el bautismo en el Espíritu Santo debe hacer lo mismo: esperar en oración y perseverancia.

El Soplo de Jesús y la Regeneración

El día que Jesús resucitó, sopló sobre sus discípulos y dijo: “Recibid el Espíritu Santo”. Y habiendo dicho esto, sopló sobre ellos, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. (Juan 20:22)

“Recibid el Espíritu Santo” establece que en ese momento el Espíritu Santo entró de manera inédita en los discípulos para habitar en ellos. Este “recibir” la vida por el Espíritu Santo precede a la autoridad que Jesús les otorgó y al bautismo en el Espíritu Santo que recibirían pocos días después, en Pentecostés. En ese instante se les concedía la regeneración y la nueva vida. Sin embargo, también debían ser revestidos de poder por el Espíritu Santo, por lo tanto, este bautismo es una experiencia posterior a la regeneración.

Ser bautizado en el Espíritu Santo es experimentar la plenitud del Espíritu. Este bautismo estaba reservado para ocurrir a partir del día de Pentecostés. Lucas no usa la expresión “bautizados en Espíritu Santo” para los que fueron llenos antes de Pentecostés, porque ese evento solo sucedería después de la ascensión de Jesús. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días. (Hechos 1:5)

Es un privilegio recibir del mismo Señor Jesucristo el bautismo en el Espíritu Santo, porque es el Señor Jesús quien bautiza en el Espíritu Santo a los que creen en Él. Y he aquí yo envío la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder de lo alto. (Lucas 24:49)

Cuando Jesús dice “la promesa de mi Padre”, se refiere al derramamiento del Espíritu Santo. El bautismo en el Espíritu Santo da al creyente poder y osadía celestial para realizar grandes obras en el nombre de Cristo y tener eficacia en su testimonio y predicación. Ese poder es una manifestación del Espíritu Santo donde la presencia, la gloria y la operación de Jesucristo se hacen presentes en medio de su pueblo.

¿Quién es el Espíritu Santo?

Jesucristo llama al Espíritu Santo “Consolador”, es decir, “alguien llamado para estar al lado de otro y ayudarlo”. El Espíritu Santo es quien nos fortalece, nos aconseja, es nuestro socorro, nuestro abogado, nuestro aliado y amigo. Cuando Jesús dice que enviaría “otro Consolador”, indica que enviaría otro de la misma clase: el Consolador continuaría la obra que Cristo realizó en la tierra.

El Espíritu Santo haría por los discípulos todo lo que Jesús había hecho cuando estaba con ellos. Estaría a su lado para ayudarlos, darles dirección, consolarlos en la dificultad, interceder por ellos y permanecer con ellos para siempre. Jesús se presenta como nuestro ayudador en el cielo; el Espíritu Santo es nuestro ayudador e intercesor que habita en nosotros aquí en la tierra. Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios. (Romanos 8:26-27)

Los Resultados del Bautismo Genuino en el Espíritu Santo

Mensajes proféticos y alabanzas: ¿Qué pues haré? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento. (1 Corintios 14:15)

Mayor sensibilidad al pecado que entristece al Espíritu y mayor búsqueda de justicia con percepción profunda del juicio divino: Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. (Juan 16:8)

Una vida que glorifica a Jesucristo: Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo hará saber. (Juan 16:13-14)

Visiones del Espíritu: En los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños. (Hechos 2:17)

Manifestación de los dones del Espíritu Santo: Hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo… (1 Corintios 12:4-10)

Mayor deseo de orar e interceder, mayor amor por la Palabra y mejor comprensión de ella, convicción creciente de Dios como Padre (Abba)… (todos los textos correspondientes se mantienen fieles a la versión Reina-Valera 1960 o equivalentes).

¿Cómo Recibir el Bautismo en el Espíritu Santo?

La Palabra de Dios menciona condiciones previas:

  1. Aceptar por fe a Jesucristo como Señor y Salvador.
  2. Apartarse del pecado y del mundo.
  3. Vivir en sumisión a Dios.
  4. Abandonar todo lo que ofende a Dios para ser “vaso de honra”.
  5. Desear sinceramente el bautismo.
  6. Tener hambre y sed del Espíritu Santo.
  7. Orar con perseverancia.
  8. Esperar con plena convicción.

El bautismo en el Espíritu Santo ocurre una sola vez, pero debe mantenerse vivo mediante una vida de oración, testimonio, adoración y comunión. Sin santidad y perseverancia, la experiencia inicial se desvanece. Por eso, al recibirlo, debemos seguir buscando los dones celestiales y cultivando una relación diaria con nuestro amigo y Consolador, el Espíritu Santo.

No importa cuánto tiempo lleves buscándolo: persevera en oración. ¡Dios ciertamente te bautizará en el Espíritu Santo! Solo cree y continúa orando.

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Mateo 11:12 – Reino de los Cielos, ¿Qué Se Necesita para Alcanzarlo?

by Ministério Veredas Do IDE noviembre 16, 2025
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Serviremos a Dios no solo para decir que somos cristianos o porque asistimos a una iglesia. Servimos a Dios porque nuestro deseo es alcanzar el reino de los cielos por medio de Cristo Jesús. ¡Después de todo, ¿qué es servir? Según el diccionario, servir significa trabajar en favor de alguien. Cuando servimos a Dios, nos ponemos a disposición para el crecimiento del reino. Haciendo que la voluntad del Señor se establezca en la tierra, trayendo a la existencia los propósitos de Dios.

Servir a Dios significa estar dispuesto a cumplir su querer y su voluntad, matar el yo y vivir la voluntad de Dios.

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas 2:20)

Servir a Dios es renunciar a nuestras voluntades, mortificar nuestros deseos, para que la voluntad de Dios se realice de forma plena en nuestra vida. Dios entregó a su propio Hijo, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Jesucristo se entrega de forma plena al propósito del Padre. Jesucristo se coloca como el verdadero ejemplo del siervo fiel, obediente y temeroso de su Señor.

Jesucristo: El Camino, la Verdad y la Vida

Al hablar sobre el camino que conduce a la salvación, podemos observar que el propio Señor Jesucristo se define como el único camino para alcanzar la salvación.

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)

Jesucristo se describe como tres pilares extremadamente importantes para que podamos alcanzar el reino de los cielos. Dentro de estos tres pilares, describiremos cada uno y comprenderemos cómo se hace posible alcanzar la salvación a través de Cristo Jesús.

Jesucristo Es el Camino

Camino significa: medio para alcanzar un resultado; dirección. Entonces, comprenderemos que Jesucristo es la única dirección que debemos tomar para que podamos alcanzar nuestra salvación. Solo Jesucristo podrá hacer que la iglesia alcance su resultado, que es la salvación.

Jesucristo Es la Verdad

Verdad significa: circunstancia, objeto o hecho; realidad. No existe otra verdad además de la que Jesús nos deja registrada en las Escrituras. Jesucristo es sí, y siempre será, la única verdad. Todo lo que él relató en las Escrituras se ha cumplido en nuestros días.

Oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. (Mateo 24:6-7) El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra. (Lucas 12:53)

Cada versículo citado arriba ya se ha cumplido en nuestros días. Cuando creemos en esta verdad que es la palabra de Dios, estamos andando por el camino correcto para que podamos alcanzar nuestra salvación.

Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. (Juan 8:32)

Muchas teorías humanas y sus conocimientos son de hecho verdaderos, pero existe solo una verdad capaz de liberar a las personas del pecado, de la destrucción y del dominio maligno. Esta verdad se encuentra solo en Jesucristo y a través de la palabra de Dios. Las Escrituras dan testimonio de la única verdad capaz de liberar al hombre del pecado, del mundo y del poder demoníaco. No se necesitan más revelaciones de “verdades” para completar el evangelio de Cristo o para hacerlo más adecuado, pues el evangelio de Cristo es la única solución perfecta.

La verdad salvífica es revelada de parte de Dios solo por su Espíritu y no procede de persona ni de sabiduría humana. Cuando reconocemos a Jesucristo como la única verdad, alcanzamos la liberación del dominio maligno, de las oposiciones, de todo aquello que puede alejarnos de Dios.

El que me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará. (Juan 12:26)

La fe en Jesucristo involucra compromiso personal en seguir, guardar estos enseñamientos y estar donde Él esté. Seguir a Cristo incluye negarse a sí mismo y tomar su cruz.

Y llamando a la multitud y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. (Marcos 8:34)

La cruz es el símbolo del sufrimiento, muerte, vergüenza, burla, rechazo y renuncia personal. Todo cristiano, al decidir negarse a sí mismo, toma la decisión de luchar hasta el fin contra el pecado, luchar contra Satanás y los poderes de las tinieblas para extender el reino de Dios.

El cristiano debe estar decidido a enfrentar la hostilidad del adversario y de las huestes malignas, así como enfrentar la persecución que surge por resistir a los falsos maestros que distorsionan las verdades del Evangelio. Para alcanzar el reino de los cielos, es necesario que dejemos de vivir para nuestras voluntades y vivamos para el querer y la voluntad de Dios.

Jesucristo Es la Vida

¡Jesucristo venció la muerte! Desafortunadamente, el pecado nos separa de Dios; el pecado trae la muerte y solo a través de Jesucristo podemos ser resucitados y alcanzar la vida eterna. Cuando alguien levanta sus manos y acepta a Jesucristo como Señor y Salvador de su vida, comienza a vivir una nueva vida completa y llena de paz.

Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? (Juan 11:25-26)

Comprendemos que la muerte física no es un fin trágico, sino que, por el contrario, es el pasaporte para la vida eterna y abundante, y la comunión con Dios. “Vivirá” se refiere a la resurrección; “no morirá” significa que el creyente tendrá un cuerpo nuevo, inmortal e incorruptible que no podrá morir ni deteriorarse.

Para alcanzar el reino de los cielos, es necesario permitir que la palabra de Dios venga como una semilla lanzada en nuestro corazón, germine, crezca y produzca frutos.

Mas la que cayó en buena tierra, estos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia. (Lucas 8:15)

Cuando la palabra de Dios encuentra refugio en nuestros corazones, comenzamos a entender los propósitos de Dios para nuestras vidas. A partir de entonces, paso a paso, comenzamos a producir frutos dignos de arrepentimiento. A través de nuestras vidas, las personas son impactadas por el poder de Dios; nos convertimos en instrumentos de Dios, pues la semilla que fue plantada cayó en tierra fértil.

La Perseverancia y el Esfuerzo en el Reino de los Cielos

El reino de los cielos exige perseverancia. Alcanzar el reino de los cielos exige determinación y objetivo.

Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. (Mateo 11:12)

Solo quien se esfuerza puede apoderarse del reino de los cielos. Pertenecer al reino de Dios y disfrutar de todas sus bendiciones requiere esfuerzo sincero y constante. Es un combate de fe, aliado a una voluntad inmensa de resistir a Satanás, al pecado y a la sociedad perversa en que vivimos.

Los que viven según la voluntad del mundo, descuidando la palabra de Dios, aquellos que tienen poca hambre espiritual y aquellos que oran raramente jamás conocerán el reino de los cielos, pues el reino de los cielos es para personas audaces en la fe.

Ejemplos Bíblicos de Audacia y Llamado

Dios llama al reino a personas como José.

Nadie es mayor que yo en esta casa, y nada me ha negado, sino a ti, porque eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este gran mal, y pecaría contra Dios? (Génesis 39:9)

Dios llama al reino a personas como Natán.

Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl. (2 Samuel 12:7)

Dios llama al reino a personas como Elías.

Y se acercó Elías a todo el pueblo y dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra. (1 Reyes 18:21)

Dios llama al reino a personas como Sadrac, Mesac y Abed-nego.

Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni adoraremos la estatua que has levantado. (Daniel 3:16-18)

¿Cuál Es Tu Llamado?

¿Alguna vez te has detenido a imaginar cuál es el llamado que Dios tiene para tu vida? Todos nosotros tenemos un llamado de Dios para nuestras vidas, pero no siempre es fácil entender el llamado que Dios tiene para nosotros. Hoy estudiaremos acerca del llamado de Dios. ¡Haz clic y descubre ya tu llamado!

Dios llama al reino a personas como Mardoqueo.

Y le hablaban día tras día, pero él no los escuchaba, y les decía que era judío. Entonces lo hicieron saber a Amán, para ver si las palabras de Mardoqueo se sostendrían, porque él les había declarado que era judío. Y vio Amán que Mardoqueo no se inclinaba ni se postraba delante de él; entonces Amán se llenó de ira. (Ester 3:4-5)

Dios llama al reino a personas como Pedro y Juan.

Mas respondiendo Pedro y Juan, les dijeron: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído. (Hechos 4:19-20)

Dios llama al reino a personas como Esteban.

Y Esteban, lleno de gracia y de potencia, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo. (Hechos 6:8)

Dios llama al reino a personas como Pablo.

Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. (Filipenses 3:13-14)

Dios llama al reino a personas como Débora.

Ella respondió: Iré contigo; mas no será tuya la gloria de la jornada que emprendes, porque en mano de mujer venderá Jehová a Sísara. Y se levantó Débora y fue con Barac a Cedes. (Jueces 4:9)

Dios llama al reino a personas como Rut.

Y Rut respondió: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que solo la muerte me separará de ti. Y viendo Noemí que ella estaba determinada a ir con ella, dejó de hablarle. (Rut 1:16-18)

Dios llama al reino a personas como Ester.

Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces iré al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca. (Ester 4:16)

Dios llama al reino a personas como María.

Al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto, pues no conozco varón? Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. (Lucas 1:26-35)

Dios llama al reino a personas como Ana.

Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén. (Lucas 2:36-38)

Dios llama al reino a personas como Lidia.

Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió su corazón para que estuviese atenta a lo que Pablo decía. Y cuando fue bautizada, con su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos. (Hechos 16:14-15)

Si deseas alcanzar el reino de los cielos, inspírate en personas como las que citamos arriba. Cada una de ellas fue audaz delante de la presencia de Dios; todos negaron la carne, renunciaron a sus voluntades, mortificaron sus deseos y renunciaron a sus vidas para vivir según la voluntad de Dios.

Podemos concluir que fuimos llamados para poblar el reino de los cielos; no estamos aquí en esta tierra como frutos del azar, vinimos con un propósito, un llamado de Dios en nuestras vidas. Dios desea que cumplamos su llamado para nuestras vidas y que, a través de nuestras vidas, nos hagamos capaces de alcanzar a otras personas para el reino.

Que podamos, a partir de hoy, alcanzar al mayor número de personas, diciéndoles que Jesucristo cura, salva, liberta y lleva a los cielos, pues esta palabra es fiel y verdadera.

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Estudios bíblicos

Mateo 18:21-22 – Perdón: Sanación para el Cuerpo y el Alma

by Ministério Veredas Do IDE noviembre 16, 2025
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El perdón es algo extremadamente necesario en la vida del cristiano, pues debemos cumplir y entender el real poder que existe en perdonar a aquellos que, de alguna forma, nos han ofendido. ¿Sabes cuál es el significado de la palabra perdón? El perdón es la acción humana de librarse de una culpa, una ofensa, una deuda y etc. El perdón es un proceso mental que visa a la eliminación de cualquier resentimiento, ira, rencor u otro sentimiento negativo sobre determinada persona o por sí propio.

En el ámbito religioso, el concepto de perdón está relacionado con el llamado «proceso de purificación espiritual», idea que está presente en casi todas las doctrinas religiosas y que consiste en la eliminación de sentimientos nocivos al hombre, como la ira, la herida o el deseo de venganza. Fuente: Perdón – Significados.

La Bondad de Dios en el Perdón

Comprendemos que Dios es bueno, Él perdona nuestros errores y pecados. Su gracia alcanza a todos los que se arrepienten de verdad de sus pecados e invocan a Él su perdón.

Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan. (Salmos 86:5, RVR1960)

¿Cuántas Veces Debemos Perdonar?

¿Cuántas veces debemos perdonar?

Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. (Mateo 18:21-22, RVR1960)

Comprendemos que el perdón no es solo una suma matemática, sino que va mucho más allá, pues todas las veces que perdonemos a alguien, incluso si ha errado más de una vez con nosotros, lo perdonaremos como si fuera la primera vez. Comprendemos que, cuando Jesús dice que debemos conceder el perdón no siete veces, sino setenta veces siete, eso significa 70 x 7 = 490 veces.

Lo que comprendemos es que perdonar a alguien 490 veces significa que, como cristianos, estamos dispuestos a perdonar cuantas veces sea necesario. Todos los días pedimos perdón a Dios por nuestros errores y pecados cometidos por pensamientos, palabras y obras, por nuestras fallas, y tenemos la convicción de que Él nos perdona y nos purifica de todo pecado. De la misma forma, Dios desea que nosotros vengamos, todos los días, a estar dispuestos a perdonar a aquellos que, de alguna manera, nos han ofendido.

El Perdón Inagotable de Dios

Podemos comprender que el perdón de Dios es algo inagotable para el ser humano, condicionado a nuestra disposición para reconocer y abandonar el pecado y también perdonar a nuestros hermanos. La liberación del perdón es algo importantísimo incluso para nuestra oración, pues en la oración modelo, la oración del Padre Nuestro, Jesús lo deja bien claro.

Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. (Mateo 6:12, RVR1960)

Podemos comprender que estamos pidiendo que Dios perdone nuestras deudas de la misma forma en que nosotros perdonamos a nuestros deudores, es decir, Dios nos perdonará en la medida en que yo perdono a mi prójimo. Si no soy capaz de perdonar a mi prójimo, ¿cómo quiero alcanzar el perdón de Dios?

La Necesidad de la Reconciliación

La Biblia nos enseña claramente que es extremadamente necesario buscar la reconciliación, pues sin la reconciliación es imposible recibir el perdón de Dios.

Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas. (Marcos 11:25-26, RVR1960)

La palabra de Dios es clara al enseñarnos que solo recibimos el perdón cuando somos capaces de perdonar y, cuando nos volvemos incapaces de perdonar, también nos volvemos incapaces de recibir el perdón de Dios. Es necesario la liberación del perdón, pues el pecado genera enfermedades físicas y en el alma. Existen personas que no consiguen liberar el perdón y están aprisionadas en enfermedades.

La Falta de Perdón como Enfermedad

La falta de perdón es un asunto tan serio, pues se trata de una enfermedad que comienza en el alma y puede ser vista a través de señales en el cuerpo humano. Lo que queremos decir aquí es que, cuando no consigo perdonar a alguien, no solo el alma se enferma, sino que también el cuerpo se enferma junto con ese sentimiento. Existen miles y miles de personas que se encuentran enfermas, pues hasta hoy no han conseguido liberar el perdón.

A continuación, listaremos algunas enfermedades psicosomáticas que son generadas en el cuerpo por la falta de liberación del perdón. Comprendiendo el poder del perdón.

  • Ansiedad: La ansiedad es una sensación de nerviosismo, preocupación o malestar, siendo una experiencia humana normal. También está presente en una amplia gama de trastornos psiquiátricos, incluyendo el trastorno de ansiedad generalizada, el síndrome de pánico y fobias. Aunque estas enfermedades son diferentes entre sí, todas presentan angustia y disfunción específicamente relacionada con la ansiedad y el miedo.
  • Distimia: (falta de motivación, autoestima baja, pereza).
  • Angustia: (vacío del alma, desesperación interior profunda, soledad).
  • Depresión: La depresión incluye una sensación de tristeza (o, en niños y adolescentes, irritabilidad) y/o pérdida del interés en actividades. En el trastorno depresivo mayor, estos síntomas duran dos semanas o más e interfieren con el funcionamiento o causan angustia significativa. Los síntomas pueden ocurrir después de una pérdida reciente u otro acontecimiento triste, pero son desproporcionados al evento y persisten más allá del tiempo apropiado. El trastorno de desregulación del humor involucra una irritabilidad persistente y episodios frecuentes de comportamiento que está excesivamente fuera de control.
  • Opresión: (falta de reacción, prisión, visión cegada, esclavitud, obsesión).
  • Paranoia: (manía de grandeza, manía de persecución, egoísmo y egocentrismo).
  • Síndrome de pánico: El síndrome de pánico consiste en ataques de pánico recurrentes que causan una preocupación excesiva por ataques futuros y/o modificaciones de comportamiento para evitar situaciones que podrían desencadenar un ataque.
  • Esquizofrenia: La esquizofrenia es un trastorno mental caracterizado por la pérdida de contacto con la realidad (psicosis), alucinaciones (es común oír voces), convicciones falsas (delirios), pensamiento y comportamiento anómalo, reducción de las demostraciones de emociones, disminución de la motivación, un empeoramiento de la función mental (cognición) y problemas en el desempeño diario, incluyendo en el ámbito profesional, social, relaciones y autocuidado.
  • TOC (trastorno obsesivo-compulsivo): Esclavitud total de la mente por medio de repeticiones exageradas y pensamientos absolutamente destructores de las funciones normales de la mente.
  • Locura: (descontrol total de las actividades: de la mente activa, razón, memoria, raciocinio sin sincronismo, pensamientos sin nexo).
  • Suicidio: El comportamiento suicida incluye el suicidio consumado y el intento de suicidio. Pensamientos y planes suicidas se llaman ideación suicida.

Fuente: MANUAL MSD VERSIÓN SALUD PARA LA FAMILIA.

La Invitación Diaria de Dios

Todas estas son enfermedades que se generan en el cuerpo humano cuando no somos liberadores de perdón, es decir, convertimos nuestro cuerpo en un cuerpo enfermo. Todos los días, Dios nos invita a ser liberadores de perdón, pero, desgraciadamente, muchas veces nuestro corazón se ha encontrado endurecido. El ser humano, desgraciadamente, ha preferido matar el amor para vivir con el dolor.

Un día, todos nosotros estábamos en la condición de pecadores y necesitábamos del perdón de Dios para reconciliarnos nuevamente con Él.

por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, (Romanos 3:23, RVR1960)

Solo a través de Jesucristo recibimos el perdón, y Jesús dejó como ejemplo que también debemos perdonar a nuestros hermanos.

Sed, pues, benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. (Efesios 4:32, RVR1960)

Convirtiéndose en Nueva Criatura

Cuando levantamos nuestras manos para recibir a Jesucristo como Señor y Salvador de nuestras vidas, nos convertimos en nueva criatura y comenzamos a andar según su querer, su voluntad. Y es el querer de Dios que vengamos a ser liberadores de perdón. Dios desea que vengamos a observar los pasos de Cristo y que vengamos a caminar de la misma forma que Él caminó, perdonando a nuestros enemigos y amando a nuestro prójimo.

Jesucristo desea que vengamos a tener un corazón puro, lleno de amor, porque el amor produce salud no solo para el cuerpo, sino que también produce salud para el alma. Desgraciadamente, muchas veces seremos perseguidos e incluso, por qué no decir, maldecidos por ciertas personas. Muchas veces, ser perseguido por alguien entristece nuestros corazones, pero tenemos que saber cargar con nosotros solo sentimientos que nos hacen bien.

Bendiciendo a los Perseguidores

De nuestra boca y de nuestro corazón debe desbordar solo palabras bendecidoras, es decir, tenemos que bendecir a aquellos que nos persiguen. Nuestra palabra tiene poder y, cuando lanzamos una palabra de bendición sobre la vida de una persona que, de alguna forma, nos persigue o nos entristece, cambiamos su historia en el futuro. Si maldecimos a nuestro enemigo, ciertamente continuará siendo peor de lo que es hoy, pues sobre él se lanzan solo palabras de maldición.

Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. (Romanos 12:14, RVR1960)

Filtrando lo que Hace Bien

Cuando vivimos según la voluntad de Dios, nos convertimos en liberadores de perdón y bendecidores, independientemente de si alguien nos hace bien o mal. En nuestra vida, debemos realizar un filtrado de aquello que nos hace bien. Lo que nos hace mal debemos dejarlo en el camino, como si estuviéramos caminando con dos sacos, uno con fondo y el otro sin fondo.

En el saco con fondo, guardamos todo aquello que añade salud física y espiritual. En el saco sin fondo, colocamos todo lo que nos hace mal físicamente y espiritualmente, nos deshacemos de toda la carga negativa, de todo odio, de todo rencor y de toda tristeza. Debemos liberar espacio en nuestro cuerpo, mente y alma para que podamos vivenciar los beneficios de tener una vida saludable que viene solo a través del perdón.

Evitando Sentimientos Negativos

Jamás debemos cargar con nosotros sentimientos como herida, rencor, tristeza y etc. Personas que cargan estos sentimientos malos viven en pro de los mismos. Viven con sentimientos de la maldad, de la tristeza, del rencor, intentando hacer el mal a otras personas, porque en sus vidas se carga la cicatriz de la falta de liberación de perdón.

No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal. (Romanos 12:19-21, RVR1960)

Entregando la Venganza a Dios

Dios nos enseña que la venganza le corresponde a Él realizar, es decir, comprendemos que, cuando somos heridos por palabras y actitudes y lo entregamos en las manos de Dios, Él es quien hace el juicio de esa situación. Nada pasa desapercibido delante de Dios. Y Dios nos contempla cuando somos ofendidos, cuando nuestros corazones se encuentran entristecidos.

Dios nos enseña que, si nuestro enemigo tiene hambre, debemos darle de comer y de beber. Cuando hacemos esto, amontonamos ascuas vivas sobre su cabeza. No podemos permitir que el mal venza nuestras buenas actitudes, pues el bien es infinitamente mayor y produce salud para nuestro cuerpo y también nuestra alma.

¡Libera el perdón, libera tu cuerpo y sana tu alma!

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Estudios bíblicos

1 Juan 5:14 – La Confianza del Siervo de Dios

by Ministério Veredas Do IDE noviembre 16, 2025
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Cuando hablamos de confianza en Dios, nos detenemos, meditamos y llegamos a un único denominador común, donde la pregunta que nos hacemos a nosotros mismos es: ¿en quién confiaré? Antes de hablar sobre confianza, necesitamos saber cuál es su significado real. Confianza significa: creencia de que algo no fallará, de que está bien hecho o lo suficientemente fuerte para cumplir su función. Entendemos que confiar en Dios es saber que Él jamás fallará. Es confiar en su grandeza y en su poder para cumplir sus proyectos y propósitos sobre nuestras vidas.

Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. (1 Juan 5:14, RV60)

Cuando nos acercamos a Dios, tenemos dentro de nuestro corazón la confianza que nos hace creer que todo cuanto pidamos será atendido de acuerdo con la voluntad de Dios y que él siempre nos oirá. La confianza en el Señor nos hace íntimos al punto de contarle a Dios todos nuestros secretos, nuestras dificultades, y nos acercamos cada vez más a Él. A medida que nosotros nos acercamos a Dios, también Él se acerca a nosotros. Debemos comprender que cuanto más nos acercamos a Dios, más Dios se revela, mostrándonos su amor, su cariño y su misericordia para nuestras vidas.

Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. (Lamentaciones 3:22,23, RV60)

Dios es el único en quien podemos depositar enteramente nuestra confianza, pues en él no hay mentira, no hay falsedad, es decir, Dios no retrocede en lo que Él ha prometido.

Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. ¿Lo dijo él, y no lo hará? ¿Habló, y no lo cumplirá? (Números 23:19, RV60)

Cuando levantamos nuestras manos para aceptar a Jesús como Señor y Salvador de nuestras vidas, aprendemos que debemos contarle a Dios todos nuestros secretos. Contamos todo lo que está guardado internamente dentro de nuestros corazones. Secretos que muchas veces incluso el amigo más íntimo desconoce, pero Dios, el amigo fiel, nos oye, nos aconseja, nos enseña, no nos juzga, sino que con un amor tan grande honra nuestra confianza en él. Jamás debemos confiar solo en nosotros, pues es necesario que vengamos a confiar en Dios y en sus orientaciones divinas para poder vivir lo mejor de Dios.

Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. (Proverbios 3:5-6, RV60)

La confianza en Dios nos hace caminar por caminos que jamás imaginamos caminar. Dios puede enderezar veredas, Dios puede transformar a aquel(a) que estaba perdido en la sociedad, transformar al hombre más peligroso de la tierra en un predicador del evangelio. Dios toma a un morador de la calle y lo hace un predicador del evangelio, Dios puede transformar a aquellos que no tenían valor para la sociedad. Necesitamos aprender a confiar en Dios, necesitamos aprender a esperar el tiempo de Dios para respondernos.

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. (Eclesiastés 3:1, RV60)

Comprendemos que confiar en el Señor está directamente ligado a esperar, pues no siempre Dios responderá en el momento exacto en que pedimos. Existen situaciones en las que Dios solo nos concederá lo que pedimos cuando él entienda que estamos aptos para recibir. Bendiciones concedidas en el momento equivocado se transforman en una gran maldición, ocasionando la muerte física y espiritual, pues no era el momento. Confiar en Dios es entender que existe un tiempo para que la bendición llegue sobre nuestras vidas. Es comprender que existe el momento correcto para poder vivir experiencias con el Señor.

En ti confían los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron. (Salmos 9:10, RV60)

Confiar en Dios es saber que hay tiempo para experimentar los diversos escenarios que Dios tiene preparados para nuestras vidas. Cuando aceptamos a Jesucristo, conocemos su poder y su grandeza y, a través de las experiencias que vivimos día a día con Dios, comprendemos que el Señor jamás nos abandona, independientemente del escenario que estemos viviendo. Por eso, no importa lo que estés viviendo hoy. Solo confía y ve lo que Dios hará en tu vida, en tu casa, en tu historia.

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Estudios bíblicos

Amarás a Tu Prójimo como a Ti Mismo

by Ministério Veredas Do IDE noviembre 16, 2025
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El Mandamiento de Amar al Prójimo

El mandamiento de amar al prójimo como a ti mismo, proclamado por Jesús en Marcos 12:30,31, trasciende meras palabras; es una directriz para una vida repleta de compasión y empatía. Amar al prójimo comienza con la comprensión profunda de lo que significa amarse a sí mismo. No se trata solo de una indulgencia personal, sino de un reconocimiento del propio valor y una búsqueda constante del bienestar. Este amor propio saludable establece las bases para la comprensión genuina de lo que es amar al prójimo.

Jesús es el amor personificado y anhela que cultivemos el amor por el prójimo como tenemos por nosotros mismos. Para entender esta premisa, es crucial explorar el significado del amor. Se trata de un sentimiento afectivo que instiga la búsqueda del bienestar del prójimo. El concepto del amor encuentra su expresión máxima en la Biblia Sagrada, donde se establece como la base de toda conducta. El mandamiento primordial es amar a Dios sobre todas las cosas y, posteriormente, amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Amarás, pues, al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas. Este es el primer mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos. (Marcos 12:30,31)

Cuando Jesús declara amarás a tu prójimo como a ti mismo, nos convoca a extender el mismo cuidado, respeto y consideración que dedicamos a nosotros mismos. Involucra la prontitud para compartir alegrías y aliviar dolores, para celebrar conquistas y ofrecer apoyo en los momentos de dificultad. Este mandamiento trasciende fronteras, uniendo comunidades y rompiendo barreras. Amar al prójimo no elige quién merece o no; es una expresión de generosidad que fluye naturalmente del corazón compasivo.

Amar a Dios con Todo el Corazón

Amar a Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

Amarás, pues, al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas. Este es el primer mandamiento. (Marcos 12:30)

El impacto del primer mandamiento, conforme se describe en Marcos 12:30, es notable, pues Jesús nos orienta sobre cómo debemos dirigir nuestro amor a Dios. Destaca cuatro elementos esenciales: corazón, alma, mente y fuerza. Amar a Dios implica atribuir valor y estima, buscando una comunión constante, pautada en la obediencia, sinceridad y compromiso con Su voluntad, honra y gloria en la tierra. La verdadera devoción a Dios se manifiesta en el compartir el sufrimiento por amor a Él, siguiendo los estándares de justicia en la tierra y promoviendo el reino de los cielos (Filipenses 3:10,11).

Dios anhela un amor sincero, puro e inspirado en Su propio amor por nosotros. El vínculo generado al amarlo sobre todas las cosas resulta en una fe inquebrantable y fidelidad a Sus promesas, incluso en un mundo que muchas veces nos rechaza. Al practicar el amor al prójimo, cumplimos el segundo mandamiento destacado en Marcos 12:31. Amar al prójimo como a nosotros mismos implica desear para el prójimo las mismas bendiciones que anhelamos para nosotros. Este amor cristiano, dirigido a los hermanos en Cristo e incluso a los enemigos, debe ser guiado por el amor y devoción a Dios (Gálatas 6:10).

Pablo nos exhorta a aprovechar todas las oportunidades para hacer el bien, especialmente a la familia de la fe, pues seremos recompensados en el tiempo oportuno.

La Empatía como Expresión del Amor

La empatía es el acto de amar al prójimo. La empatía desempeña un papel fundamental en este amor al prójimo. Ponerse en el lugar del otro, comprender sus luchas y alegrías, crea un vínculo humano profundo. Este tipo de amor no es egoísta; es una ofrenda altruista de bondad y comprensión.

Cuando practicamos el amor al prójimo, estamos cumpliendo no solo un mandamiento divino, sino también contribuyendo a la construcción de una sociedad más justa y compasiva. Esta práctica va más allá de las palabras, manifestándose en acciones tangibles que reflejan la esencia de este mandamiento sagrado. Por lo tanto, amar al prójimo como a ti mismo es un viaje continuo de autenticidad, generosidad y compasión. Es una expresión viva del amor divino que, cuando se abraza, transforma no solo la vida del que ama, sino también la del que es amado. Que este mandamiento nos inspire a construir lazos más fuertes, promoviendo un mundo donde el amor al prójimo sea la fuerza que une corazones y transforma vidas.

Reflexión Final e Inspiración

Cierro este estudio compartiendo un video reflexivo sobre la bondad que practicamos hoy. Que este contenido inspire y fortalezca el compromiso con el amor divino en nuestras vidas.

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Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros, y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros. (1 Tesalonicenses 3:12)

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