Dios ama a la familia y con ella tiene un propósito. Podemos decir que el primer “matrimonio” aquí en la tierra fue realizado por el propio Dios. Después de crear el cielo y la tierra y todo lo que en ella existe, Dios crea al hombre, y el Señor vio que no era bueno que el hombre viviera solo.
Dios crea una compañera, una ayuda idónea para el hombre. La mujer es la ayuda idónea del hombre que estaría a su lado para auxiliarlo. Jamás podríamos iniciar este estudio sin hablar respecto al surgimiento de la familia, pues nuestros patriarcas fueron extremadamente importantísimos en la historia humana.
Comprendiendo el Surgimiento de la Familia
Cuando observamos los versículos anteriores de Génesis 1, vemos a Dios creando todo lo que existe solo con el poder de su palabra, diciendo “Haya” y todo fue tomando forma en la tierra. Cuando Dios crea al hombre, no se pronuncia una palabra de creación, sino que Él hace al ser humano con sus propias manos.
26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. 27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. 29 Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. 30 Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. 31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto. (Génesis 1:26-31)
Dios inicia el desarrollo del ser humano, y Él demuestra un cariño inmenso por este momento, y nos da un privilegio que ningún otro ser recibió: ser a imagen y semejanza de Dios. Dios entonces desarrolló al ser humano, varón y hembra, para que pudieran procrear y poblar la tierra. Comprendemos que la tierra solo sería poblada, es decir, solo nacerían más seres humanos, por una relación sexual entre el hombre y la mujer.
En la palabra de Dios, los animales tenían sus pares, y solo el hombre estaba solo. Dios entiende que no era bueno que el hombre viviera solo, pues el hombre necesitaba de alguien que estuviera lado a lado con él para auxiliarlo en su día a día.
20 Y puso Adán nombre a toda bestia y a las aves del cielo y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. 21 Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. 22 Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. 23 Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada varona, porque del varón fue tomada. 24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. 25 Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban. (Génesis 2:20-25)
El propio Dios crea a aquella que sería la ayuda idónea de Adán. Lo más interesante es que, para formar a la mujer, Dios elige una parte del cuerpo del hombre. Dios eligió justamente la costilla de Adán para crear a la mujer.
Entonces observaremos científicamente cuál es la principal función de la costilla. Las costillas son estructuras responsables por la protección y estructuración de la región torácica. Son huesos en forma de semi-arco que se conectan con un hueso central denominado esternón, formando así una gran caja para la protección de órganos como los pulmones y los riñones.
Las costillas y sus músculos son extremadamente importantes para la vida humana, pues son responsables por la defensa de la caja torácica, por mantener la presión negativa y por permitir la respiración. Las costillas protegen el corazón, los pulmones y los principales vasos sanguíneos.
Y ahora preguntamos: ¿por qué Dios eligió la costilla? ¿Cuántas costillas posee un cuerpo humano? Aprendimos desde pequeños en la escuela que un ser humano posee 12 pares de costillas según la ciencia.
Ahora vamos a la numerología bíblica: el número 12 (doce) en la numerología bíblica significa perfección gubernamental. Dios en aquel momento estaba instituyendo la primera familia en la tierra y comprendemos que dentro de una familia existe un gobierno, reglas y obligaciones.
Y para que una familia sea bendecida es necesario que exista una perfección gubernamental, que solo toma existencia cuando el hombre y la mujer caminan en común acuerdo y pensamiento, donde ambos se respetan y viven según los preceptos de Dios.
La mujer fue creada por Dios para ser la amable compañera del hombre y su ayuda idónea. Ella es partícipe de la responsabilidad del hombre y con ella cooperaría en el plan de Dios para la vida de él y de la familia.
Cuando el hombre deja a su padre y a su madre, uniéndose a su mujer, aquella nueva familia demuestra la completitud de Dios sobre la familia. El número doce se refiere a algo que fue organizado e instituido por Dios.
La familia es algo instituido por Dios, y por este motivo el enemigo lucha fuertemente para destruirla. Hasta los días de hoy la familia continúa poblando la tierra, cumpliendo así el propósito de Dios desde el inicio donde el hombre debería unirse a su esposa y multiplicarse.
Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. (Génesis 1:28)
La Familia Solo Prospera si Todos Están Unidos
Nada puede existir o permanecer en pie cuando no existe la unión. La familia es un trabajo que solo da frutos si se realiza en equipo. No sirve de nada que solo uno de los cónyuges asuma las obligaciones y responsabilidades. El cónyuge que no apoya el crecimiento del otro no está impidiendo solo al otro, sino que también se está impidiendo a sí mismo crecer. En la familia nadie conquista nada solo, pues todo es un esfuerzo realizado en conjunto.
Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae. (Mateo 12:25)
¿Ya paraste a pensar que cuando una familia decide comprar un carro, por ejemplo, todos se involucran? Hay un ahorro financiero, el esposo y la esposa juntan el máximo de valores y al final todo sale bien, consiguen conquistar el objetivo.
Ahora cuando no existe apoyo en la familia, uno tiene una idea positiva, pero el otro tiene una idea negativa, de que no dará cierto. Esto genera en el ambiente familiar el sentimiento de incapacidad y frustración.
Pero ¿cómo resolver esto? En la familia debemos conseguir perdonar en todo momento, pedir disculpas siempre, y sobre todo colocarnos en el lugar del otro siempre. Es necesario saber escuchar al otro y saber dialogar, pues el diálogo es el alma de la familia.
¿Cómo puede alguien vivir en un ambiente donde los cónyuges no saben perdonar? Podemos tener “algunas actitudes” que sí van a herir y entristecer al otro, pero debemos saber liberar el perdón y también reconocer que erramos.
Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo. (Efesios 4:26)
Este es un ótimo versículo que puede ser aplicado a la familia, pues debemos mantener el control sobre nuestras emociones, no permitiendo que seamos controlados por la ira. La palabra de Dios nos advierte que debemos calmar la ira antes que el sol se ponga, pues el sentimiento de ira crea oportunidad para el diablo.
No es vergüenza para el hombre o la mujer reconocer que erró. Vergüenza es no reconocer que somos seres humanos llenos de errores y defectos.
El Amor Dentro de la Familia
Este tema remite a Gálatas 5:14 que dice: Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. La familia exige que vengamos a amarla como a nosotros mismos, superando las fallas, reconociendo los errores y comprendiendo los defectos.
No dejamos de amarnos por nuestros defectos, ¿correcto? De la misma forma es la familia, pues no podemos dejar de amarla porque existe un defecto.
Jamás debemos realizar comparaciones entre nuestra familia y la familia de los otros, pues cada una tiene su peculiaridad, y este tipo de comparaciones genera frustraciones y desgaste en el ambiente familiar.
A los esposos no les corresponde solo la responsabilidad de ser el proveedor del hogar y cumplidor de sus obligaciones para con su esposa, sino que va mucho más allá de esto.
El hombre debe amar y respetar a su esposa, cuidándola así como Jesús en su magnífico ejemplo de esposo amó a su esposa (iglesia) de tal manera que dio su vida por ella.
¿Cuál esposo está dispuesto a dar su vida por su esposa amada?
Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido. (Efesios 5:33)
Vemos que la palabra de Dios habla para el marido y también para la esposa, pues esta debe tratar a su marido con cariño y respeto. Comprendemos que el amor no es una tarea solo del esposo o solo de la esposa, sino que es una tarea de todos. El respeto en la familia es en todos los sentidos, principalmente cuando no estamos próximos a nuestros cónyuges.
Toda carga donde solo una persona la lleva conduce a la misma a una sobrecarga, pero cuando el peso es dividido entre las partes, se torna mucho más fácil ir más allá.
¡Cuidado con las Palabras!
En el libro de Proverbios, podemos encontrar consejos preciosísimos para la familia y para vivir. Uno de los consejos importantísimos que Salomón nos deja es respecto al cuidado que debemos tener con las palabras, pues nuestra palabra tiene poder de bendecir y de maldecir.
La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos. (Proverbios 18:21)
A partir de este versículo podemos reflexionar sobre cuáles palabras hemos proferido sobre nuestra familia. ¿Hemos proferido palabras de bendición o de maldiciones?
Nunca digas estas palabras dentro de tu casa. Infelizmente, en los días de hoy, existen ambientes familiares donde las personas no saben el significado de las palabras y el poder que ellas pueden ejercer sobre una persona.
Existen personas que ahora están maldiciendo a su familia, su casa y sus hijos por estar diciendo palabras sin conocer su significado.
Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina. (Proverbios 12:18)
- Desgracia: Condensa oscuridad, quebranto y ausencia del Divino.
- Mierda: Llama a la podredumbre, a la suciedad y a las adversidades.
- Hijo de p*: Evoca odios y desavenencias familiares.
- Maldito: Lanza plaga y corporifica maldiciones.
- Burro/Idiota: Deben ser evitadas principalmente con niños e hijos.
- Miserable: Dibuja la falta, indigencia, pobreza y penuria.
- Danado: En su base significa condenado, sufridor y perambulante, maldito, malévolo, malo, ruin. Llamar a alguien de “danado” es maldecir a la persona, porque danado significa “condenado al infierno”.
- Moleque: Era un demonio de la antigua Mesopotamia, cuyo nombre original era Moloch, al cual se hacían sacrificios de niños. En África, su nombre fue cambiado a moleque, y así vino a Brasil.
El ambiente saludable de una familia es aquel en que se aprende a decir: buenos días, buenas tardes, buenas noches, a pedir la bendición a los mayores, pedir disculpas, decir “gracias” y cosas semejantes a estas.
Es de extrema importancia que vengamos todos los días a bendecir a todos los que componen nuestra familia. Lanzando sobre ellos palabras de bendición y victorias. Enseñando a cada uno que somos dependientes de Dios, pues sin su cuidado nada podríamos hacer.
Que al término de este estudio podamos comprender que no importan las luchas y adversidades que podamos estar enfrentando en el ámbito familiar. Con Dios siendo el centro de nuestra casa, podemos transformar la familia y hacer de ella una bendición.
Primero permite el cambio dentro de ti primero. Mira dentro de ti ahora y cambia, transfórmate en una persona mejor, sé un esposo maravilloso, sé una esposa maravillosa, sé un excelente padre, una excelente madre, sé un ótimo hijo.
Jamás conseguiremos cambiar algo si no somos capaces de cambiar a nosotros mismos y dejar que Dios sea el centro de la familia.
Entiende el privilegio que Dios te concedió, pues la familia que tienes hoy tal vez hayas mirado solo a los errores y defectos. Allá afuera existen innumerables personas en diversas clases sociales, de la menor a la más alta, que darían todo por tener una familia como la tuya.
Valora, cuida, ama y deja que Dios sea el centro de tu familia. Que Dios pueda bendecir tu vida y tu familia.
¡Declara como Josué: Yo y mi casa serviremos a Jehová! (Josué 24:15)